Enhorabuena I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

C.R.V. > Madridlinea-pie-fotos-noticias

 

Un toro que huele flores, de voz aflautada y timbre melancólicamente sospechoso, entre pacifista y chupahelados, no tierno sino afectado, en medio de una España casi tan salida de la posguerra,  aunque sin que se note. Un toro cuyo nombre, Ferdinand, es de carroza del día del orgullo sin que se sepa de qué orgullo se trata. Un retrato animado de un país inexistente y topiquero, con la muestra más desnaturalizada y humanizada del toro y de todos los animales. La negación de la ciencia evolutiva y ecológica desde antes de Darwin.  Eso va a ser mostrado en las salas de cine de todo el mundo en una película de una gran productora norteamericana. Esa industria que no tiene lo que tiene que tener para luchar por el humanismo de un país que tiene por presidente a uno con aires de  payaso al que le quitaron el circo, a un okupa de la neurona que no tiene, finiquitador del derecho a la sanidad, levantador de muros vejatorios, enemigo con revólver de la lucha contra el calentamiento global que acabará con todas las especies de este world lococrazy en nombre de la industria del mascotismo. 

Esa nos espera aquí, en este país otrora de las Letras y las Artes en donde el mundo del cine, salvo excepciones, pelea más por un euro que por su cultura, que, entre otras, es la cultura del toro. Luchar por el derecho a un euro es legítimo, pero pelear por las raíces naturales de un pueblo, es pelear por su cultura. Siempre pongo el ejemplo de Lorca. De él, a la supuesta izquierda culta, le interesa sólo achacar su muerte a un bando, a un grupo. No le interesa ni la obra natural ni el sentimiento natural y universal del mejor poeta de todos los tiempos. Porque si lo leen, se encuentran con un toro, no con Ferdinand. Un toro natural, libre, real, culto, y un país que rinde culto a esa naturalidad culta que es la tauromaquia. Lorca se rebelaría contra esta producción. Y Alberti, y Miguel Hernández…  los poetas de la España de hoy no hacen poesía, les sobra pluma y les falta tinta para pelear por su lugar libre en el mundo. A la ¿cultura? de hoy le faltan güevos para pelear contra este colonialismo ideológico desnaturalizador.

Estamos metidos dentro de un mercado del que el taurinismo no hace caso. Todas estas manifestaciones publicitarias del humanismo de los animales forman parte de lo mismo. Una y otra vez insistiré en esta locura que es una verdad a puños: los van a hacer humanos. Para que sean el mercado mejor controlado y más rentable de la historia del ser humano. Los cazadores son los malvados de las pelis de animalillos, ahora nos salen con un toro que mea colonia. Nuestro Parlamento ha legislado entre grandes portadas prohibir cortar las colas a los perros, mientras que legisla cómo cortarle los cojones más y mejor. Para el mercado. No me arrepiento del uso de este lenguaje. Sí. Seis millones de perros con lo que le colgaba en el cubo de la basura. Un ejemplo de sensibilidad animal en un país con ocho meses de espera para una operación mientras proliferan las clínicas para mascotas. Hoy es mejor, sanitariamente, nacer perro que nacer ser humano en este país, apósito y apéndice de un mojón de lo que fuimos. 

En un restaurante de Tarragona, a una humana madre se la expulsa de un restaurante por dar el biberón a su cachorro. El tipo dueño le recrimina participar en la violación de las madres vacas y cabras, en un mundo en donde centenares de millones de hembras de ser humano claman al cielo por una cabra para ordeñar porque sus cachorros se mueren de hambre. La respuesta del propietario es de escupidera.  Me da asco esta indecencia silenciosa, consentida por todos. Este caminar hacia una sociedad que niega al ser humano la vida, el derecho a alimentar a sus cachorros. Hemos hecho una sociedad que otorga y consiente. Porque ya todos tenemos una mascota en casa y, aunque la razón nos diga una y otra vez que la hemos colocado al lado (y por encima) de otro ser humano, no tenemos la valentía de afirmar que es nos es más fácil un gato mascota que un abuelo humano. 

Nos falta información, la que se oculta. La que publicamos hace unos días que afirma que la huella ecológica de un perro de ciudad es tan negativa como la de un todo terreno cuatro por cuatro en la misma ciudad. La que dice que utilizamos 1,8 hectáreas de este planeta de los humanos llamado Tierra, para criar una mascota mientras que destinamos a otros iguales a nosotros, a otros humanos, 0,35 hectáreas. Y nos da igual desde nuestra visión cobarde de humanos inhumanos de ciudad. Pero, que nadie se llame a un engaño avisado, esta es nuestra realidad y nuestra lucha. Nuestra lucha ya no es denunciar un insulto. Porque el insulto ya no existe, existe el inculto. Nuestro enemigo no es un insultante, sino un mutante llamado humano/mascota que desea que el toro sea, para siempre, Ferdinand. Señores ganaderos: ahí les muestran al mundo sus siglos de trabajo natural. Enhorabuena. Señores del país del Arte y de las Letras llamado España: ahí les muestran al mundo nuestro patrimonio. Enhorabuena. 

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